Corleone observó a Caterine con el ceño ligeramente fruncido. Para alguien que rara vez dejaba de hablar, había estado demasiado callada durante el almuerzo. Ni historias ni bromas, solo un aire pensativo que lo hacía preguntarse si debía preocuparse… o asustarse.
—¿Y qué hiciste esta mañana? —preguntó, intentando captar su atención.
—¿Qué? —Caterine parpadeó, confusa, como si su mente estuviera en otro lugar.
—Ayer mencionaste que tenías algo que hacer hoy.
—Oh, sí, cierto… —Asintió ella con l