Caterine observó la enorme e imponente casa que se alzaba frente a ella y dejó escapar un silbido de asombro.
—Esta sí que es una mansión —comentó.
—Campanita, la casa de tus padres es igual de enorme.
—Lo sé, pero no tiene ese toque de mansión embrujada en la que probablemente a uno o quizás más durante los sesenta —bromeó.
Era consciente de que Corleone estaba algo tenso, aunque actuaba como si nada. Ella, en cambio, se sentía más tranquila. Quizás porque ya se había enfrentado a la madre de s