—Necesito ir al tocador —informó Greta, lanzando una mirada de su novio a Isaia, sin estar del todo segura de si era buena idea dejarlos solos.
Gino tenía los hombros rígidos y la mandíbula ligeramente apretada, aunque no creía que fuera a provocar una escena, al menos no sin una buena razón.
—Está bien, lindura —dijo Gino.
Greta, se dio la vuelta y, sin esperar más, se alejó hacia el baño.
Gino esperó en silencio hasta que Greta desapareció en la distancia antes de volver a fijar su mirada en