Corleone alzó la vista hacia la puerta al escuchar unos golpes, y una sonrisa se dibujó en su rostro al ver a Caterine entrar en su oficina. Era curioso cómo sonreír se volvía tan natural para él cuando ella estaba alrededor.
—Rosa empezará a sospechar si sigues llamándome a la hora de la salida —comentó ella, acercándose—. Ella, y todos los demás.
—No existe ninguna regla que nos prohíba estar juntos, y ya no estoy en una relación —replicó Corleone, mientras rodeaba el escritorio y se acercaba