Corleone sostuvo la mirada de Caterine, percibiendo el desafío en sus ojos. Siempre demasiado expresiva, incapaz de ocultar sus emociones. Se preguntó si era igual de pasional en la cama. Una imagen fugaz cruzó su mente. Ella recostada en una cama, su cabello violeta esparcido sobre las sábanas, con una mirada traviesa que parecía invitarlo a perder el control.
Su amigo se aclaró la garganta, devolviéndolo a la realidad. Caterine apartó la mirada y, aunque extrañó sus ojos sobre él, al menos le