—No te mentí cuando te dije que te había extrañado—dijo él, en su oído, su aliento provocando cosquillas y hormigueo.
—Aidan...
—Quiero estar contigo otra vez—mordió el lóbulo de su oreja y ella creyó morir— Me muero de ganas de tenerte entre mis brazos.
Era demasiado, una tentación tan cruda que desafiaba todo su buen sentido. No podía cometer el error de ceder.
—Aidan—lo empujó con suavidad, alejándolo de sí— Está claro que tuvimos una relación hermosa. Demasiado, no puedo correr el riesgo de