Cerró su ordenador y suspiró. Ojalá pudiera decir que tenía una cuota diaria de Aidan en su mente y que esta se apagaba cuando la dosis se agotaba. Pero no era así. Temía que él se estaba convirtiendo en una especie de droga que le costaría dejar. Por eso había considerado retornar al trabajo en la clínica, como una forma de estar más ocupada. Pero, el rostro y el pedido amable y manipulador del hombre habían calado en ella y finalmente había decidido posponer la vuelta, solicitando un tiempo m