—Empezaremos mañana mismo.
—Sería mucho más fácil si estuvieras instalada en mí… En la casa de mi madre—se corrigió—. Podríamos hacer sesiones en la mañana y en la tarde— sugirió él.
No estuvo ajeno a que ella respingó y se mordió el labio inferior, zona que atrajo su mirada instintivamente, haciéndole imaginar cómo se sentiría esa boca sobre él. Parecía hecha para besar y dar placer. La fantasía de esos pétalos rojos envolviendo su virilidad casi le provoca un temblor. Estaba teniendo problema