—Totalmente, hombre. Hacía mucho tiempo que no veía esa mirada intensa, necesitada y decidida en tu cara. Me corrijo, nunca la había visto— dijo Steven.
Aidan no contestó y sorbió su bebida. El deseo que sentía por Sharon era proporcional a los celos que estos dos le habían provocado con sus pullas.
Tenían razón, estaba bien jodido, lo entendía ahora. Y la única forma de sacar a Sharon de su sistema sería enterrándose en ella duro. No había otra posibilidad. Si no lograba que se entregara a él,