Serían ella y su uniforme ingresando a ese lujoso edificio. No era importante, considerando que era una Cenicienta moderna. Salvo que ella era una versión menos idealizada: curvy, sin hermanastras malvadas, sin expectativa de casamiento con el príncipe. Milo tenía toda la estampa, él sí se apegaba al esquema. Supuso que habría alguna princesa dorada para él. No le sentó bien pensarlo, así que frenó su imaginación. Algo de magia había, para ella. Y la disfrutaría tanto como pudiera, decidió.
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