CAPITULO 12 Acepto tu proposición.
Tenía que darle espacio, ella no parecía una mujer que considerara ofertas sexuales. Aunque su cuerpo invitaba al pecado, eso era obvio. Le gustaba a rabiar, era el tipo de mujer que lo ponía sin más: perfecta en su voluptuosidad, sensual en el desconocimiento de lo que sus sinuosas curvas le provocaban. No podía, no quería perder la chance de tener sexo con ella, de disfrutarla hasta saciarse y más.
Beatrice tenía razón; se sentía solo. No había encontrado una mujer que lo movilizara tanto com