El sistema no avanzó.
Se contrajo.
Y esa contracción no fue un gesto único, sino una secuencia interna de reducción progresiva, como si cada capa de su operación hubiera empezado a plegarse hacia un núcleo más estrecho donde la totalidad de lo posible debía comprimirse sin perder coherencia. No era un movimiento visible, ni siquiera un cambio que pudiera describirse con facilidad desde fuera, porque no ocurría en el espacio como tal, sino en la estructura que definía qué podía considerarse espa