El sonido del clic no fue simplemente un mecanismo activándose, fue una sentencia suspendida en el aire, un punto exacto donde el tiempo dejó de avanzar con normalidad para concentrarse en una sola posibilidad, en un único desenlace que ya no admitía correcciones ni retrocesos, y en ese instante donde todo parecía comprimirse hasta volverse insoportable, mi cuerpo reaccionó antes de que mi mente lograra alcanzarlo, no con una huida, no con un impulso ciego, sino con una claridad abrupta que me