El nombre de Lyra quedó suspendido sobre el jardín con un peso insoportable. Bastó verlo reflejado en el rostro de mi padre para comprender que aquella mujer no era un enemigo más dentro del interminable camino que habíamos recorrido. El miedo que cruzó sus ojos no era el de quien teme una batalla difícil, sino el de quien vuelve a encontrarse con un pasado que jamás logró enterrar. A nuestro alrededor, los árboles de hojas plateadas continuaban perdiendo su brillo, mientras las pequeñas esfera