El rugido que atravesó el jardín no desapareció al terminar aquellas palabras. Permaneció vibrando bajo nuestros pies, infiltrándose en la tierra, en los árboles y en el aire mismo, como si el mundo entero hubiera despertado de un sueño demasiado largo. Las raíces comenzaron a retorcerse alrededor de los senderos de piedra blanca, rompiendo el suelo con una violencia que contrastaba con la belleza que aquel lugar había tenido apenas unos minutos antes. Las flores se marchitaban al instante, sus