El silencio no se rompió de inmediato, pero tampoco permaneció intacto, fue cediendo lentamente, como si algo invisible empezara a tensarlo desde dentro, como si esa decisión que aún no habíamos tomado ya estuviera generando una reacción que no necesitaba palabras ni movimiento para hacerse presente. Seguí mirándolo sin apartarme, sintiendo cómo su mano seguía en la mía, firme, real, y aun así distinta, porque ahora no había presión externa que nos empujara, no había nada obligándonos a sostene