El cambio no llegó como un golpe ni como una ruptura visible, llegó como una certeza que se instaló entre nosotros sin pedir permiso, una sensación clara, incómoda, imposible de ignorar, como si el simple hecho de haber dado ese paso hubiera abierto algo que ya no podía cerrarse, algo que no venía a separarnos ni a unirnos, sino a dejarnos completamente expuestos a lo que éramos sin ninguna protección, sin ningún filtro, sin nada que suavizara el impacto de sostenernos el uno al otro cuando hac