Solo ese instante suspendido en el que todo parecía comprimirse alrededor de nosotros, como si el mundo entero hubiera decidido detenerse justo para observar qué íbamos a hacer, y en medio de esa presión que ya no venía de fuera sino de algo más profundo, más íntimo, sentí que lo único que seguía siendo real… era su mano en la mía.
Jake no la soltó.
Ni siquiera cuando el entorno empezó a cambiar otra vez, más rápido, más agresivo, como si aquello que habíamos alterado no hubiera desaparecido, s