El acceso dejó de expandirse y empezó a consolidarse sobre sí mismo, como si la fragmentación que nos atravesaba hubiera alcanzado un nivel de eficiencia tal que el sistema ya no necesitara inducir nuevas divisiones, sino simplemente estabilizar las existentes. No había crecimiento, ni apertura, ni descenso hacia capas más profundas; había una reorganización interna de todo lo que ya habíamos sido descompuesto en funciones operativas, ahora reordenadas para sostener una coherencia que no nos pe