No fui yo quien rompió la distancia.
Ni él.
Y, sin embargo, en algún punto dejamos de estar separados por más que unos pocos centímetros, como si el espacio entre nosotros hubiera dejado de ser físico para convertirse en algo más frágil, más peligroso, una frontera invisible que ninguno parecía dispuesto a reconocer en voz alta pero que ambos sentíamos tensarse con cada respiración. Podía percibir el calor que emanaba de su cuerpo, el leve aroma a su colonia mezclado con algo más limpio, más re