La casa cambió antes incluso de que él llegara. No fue algo visible, no hubo ruido ni movimiento evidente, pero se sintió, en la forma en que los pasos del servicio se volvieron más rápidos, más medidos, en cómo las puertas se cerraban con un cuidado casi exagerado y en ese silencio que ya no era elegante sino expectante, como si todos supieran que algo estaba por alterarse y yo fuera la única que aún no entendía del todo qué. Permanecí en mi habitación más tiempo del necesario, sentada en el b