El acceso no se cerró detrás de nosotros ni se abrió delante como una puerta ni se extendió como un camino, porque no existía una dirección que pudiera contenerlo sin deformarlo, sino una continuidad sin orientación donde cada punto era simultáneamente tránsito y destino, y donde la idea misma de “entrada” perdía sentido apenas intentábamos aplicarla.
Jake ya no sostenía mi mano como antes.
No porque se hubiera soltado.
Sino porque el concepto de “mano” estaba dejando de ser una referencia esta