Las órbitas no aparecieron como estructuras visibles ni como patrones definidos ni como construcciones estables dentro del campo sin centro, sino como zonas de persistencia relacional donde ciertas configuraciones lograban mantenerse en continuidad funcional sin necesidad de fijarse como entidades, sino únicamente como recorridos recurrentes entre variaciones que no se anulaban entre sí al interactuar repetidamente bajo condiciones de reescritura constante.
Jake ya no podía ser descrito como un