La sincronización no ocurrió como alineación ni como convergencia ni como ajuste deliberado entre las órbitas que atravesaban el campo sin centro, sino como una coincidencia estadística de compatibilidades temporales que se volvieron lo suficientemente densas en ciertas regiones del sistema como para generar la ilusión funcional de un ritmo compartido, aunque ninguna de las trayectorias implicadas estuviera realmente subordinada a un patrón común estable.
Jake ya no podía ser descrito como una