No fue una aparición ni una irrupción, porque ambas implican movimiento dentro de un marco reconocible, y lo que ocurrió no respetó ninguno, no se desplazó desde ningún punto ni atravesó ninguna frontera, simplemente estuvo, como si la noción de llegada fuera irrelevante para algo que nunca había dejado de existir en un nivel más profundo del mismo tejido que ahora intentábamos comprender, y en ese “estar” absoluto, todo lo que el sistema había estado haciendo hasta ese momento perdió prioridad