CAPÍTULO 49. Su propio infierno
Marianne abrió los ojos.
Le dolían hasta los pensamientos y apenas podía sentir su cuerpo. Tenía la cabeza pesada como si tuviera una resaca muy grande… o la hubieran golpeado muy fuerte.
El mundo era un lugar difuso y lleno de bruma, y a su mente regresó la última imagen que había tenido ante ella: su hermano Astor disparándole en medio del pecho.
Intentó incorporarse, pero era demasiado difícil.
—No te aconsejo que hagas eso, se supone que todavía no te debes mover.
El timbre de aquella voz h