LA CHICA DEL VIOLÍN. CAPÍTULO 29. Siete semanas inolvidables
Con el silencio tan profundo que había en aquel teatro, Maya juraba que podía sentir el corazón traidor de Vlad desbocado por el miedo, mientras la mirada como si fuera un fantasma o una alucinación.
—¡Tú...!
—Sí —dijo Maya inclinándose hacia él con una vocecilla fría—. ¡Yo misma!
—¡Pero tú estás... deberías... deberías estar...! —exclamó él, aun sin atreverse a creer que estuviera frente a él.
—¿Muerta? Eso fue lo que creíste, ¿cierto? —dijo ella, acercándose más a él—. ¿Crees que te vas a lib