Del otro lado del teléfono sonó una voz seria, me sonaba conocida.
La música seguía a todo volumen en la sala y solo alcanzaba a entender un poco lo que decía, pero entre más escuchaba, más familiar me sonaba.
¿Era…? ¿Era ese odioso Mateo?
—¡Tomar! ¡Sigamos tomando! —gritó de la nada Valerie, levantando la mano desde el sofá.
La miré, medio ida, y le sonreí:
—Sí, a tomar, voy a comprar más vino, jeje, seguimos tomando…
Corté la llamada y, con el celular en el bolsillo, me tambaleé hasta la puert