En ese tiempo todo era perfecto: mi familia no había caído en bancarrota, mis papás seguían vivos y mi hermano me cuidaba con cariño. Todo era cálido y feliz.
Hasta que Valerie se fue al extranjero y yo me metí con Mateo.
Con el tiempo, todo cambió.
De la nada, Valerie respiró hondo y luego me sonrió:
—Ya, ya, no pensemos más en lo que pasó. Ven, vamos a tomar.
Sí, recordar esas cosas solo servía para ponernos tristes.
Cada persona tiene que crecer, y crecer siempre cuesta.
Tal vez porque sentía