Luki asintió sin dudar.
Embi pensó tres segundos y preguntó:
—Si vivimos con papi, ¿todavía podremos ver a Javier?
Mateo respiró hondo, conteniendo sus emociones, y sonrió:
—Claro que sí.
—Entonces quiero vivir con papi —Embi sonrió.
—Además de Javier, también me gusta papi.
Mateo sonrió, aunque en su mirada se escondía una insatisfacción, como si hubiera decidido borrar para siempre el nombre de “tío Javier” del mundo de su hija.
De repente, me miró y les dijo a los dos pequeños:
—Hoy mismo se