—Siempre dices que no confío en ti, ¿pero sabes qué? Yo también investigué en ese entonces. Quería con todas mis fuerzas encontrar pruebas que demostraran tu inocencia, ¡pero no había nada! Todos decían que ese riñón lo interceptaste tú a mitad de camino, hasta las cámaras lo mostraban. ¡Incluso tu propio padre y tu propio hermano lo afirmaban! —la voz de Mateo sonaba molesta.
Sí… hasta mi propio papá y mi propio hermano me traicionaron.
Entonces, ¿qué más podía decir yo?
Llena de tristeza, bajé