Me quedé impactada, sin saber cómo responder a esa pregunta.
Sobre mi relación con Mateo, tampoco sabía cómo explicárselo a estos dos pequeños.
Los pleitos de los adultos ellos no los entenderían.
Los lazos de sangre eran más fuertes que cualquier otra cosa: aunque esa noche Mateo los regañó, igual lo seguían queriendo como su papá.
Luki y Embi me miraban sin parpadear, esperando mi respuesta.
Sonreí y respondí:
—No, mami no odia a papi.
Cuando escucharon mi respuesta, los dos niños sonrieron al