La videollamada tardó un buen rato en ser contestada.
Antes de que Alan girara la cámara del celular hacia los dos pequeños, la voz seria de Mateo se escuchó:
—Estoy en una reunión, adiós.
—No, yo...
Ni siquiera terminó de hablar cuando Mateo en serio colgó la llamada.
Alan parpadeó un par de veces, con ganas de estrellar el celular del coraje.
De pronto vio a Embi mirándolo con los ojos llenos de lágrimas, lo que le ablandó el corazón.
Reprimió el enojo y, sonriendo, se acercó a Embi.
—Tu papá