No, no quiero ver a papá... no... —Embi, que antes se aguantaba con los labios apretados, ahora rompió en llanto.
Puso a Alan tan nervioso que no sabía qué hacer.
Los empleados también se quedaron mirando atónitos.
—Señor Ferrucho, esos dos niños son...
—Son de tu patrón, ¿y qué esperan? Consigan algo para calmarlos.
—Ah, ah... — al oír esto, se sorprendieron y se alegraron, y de inmediato comenzaron a buscar por toda la casa algo para entretener a los niños.
Pero después de un rato, no encontra