Javier empezó a hablar, pero se detuvo y sonrió, antes de seguir con un tono amargo:
—Mateo es un tipo extraño, siempre se guarda todo. Cuando éramos niños, se notaba en su mirada que le gustabas. Pero frente a ti, siempre mantenía una expresión indiferente, a veces hasta parecía que te odiaba. ¿No es irónico?
Respiré hondo y, en voz baja, dije:
—¿De qué sirve hablar de eso ahora?
Con tristeza, Javier bajó la mirada, se rio un poco y dijo:
—Tienes razón. Solo que ahora entendí que, en lo que sie