Capítulo 1884
Mientras hablaba, Darío volvió a intentar agarrarme.

Me aparté de inmediato y le grité, molesta:

—¡No me toques! Ya te dije que voy a caminar sola.

Darío me miró muy mal. No dijo nada más; solo me presionó para que avanzara.

Ahora tampoco podía escapar; seguir demorándome no servía de nada. Apreté los puños y di un paso al frente para seguir.

En fin.

Este lugar era, al fin y al cabo, territorio del señor Felipe. Por muy loco que estuviera Darío, no debería atreverse a hacerme nada aquí.

¡Ay!

No
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