Mateo tembló un poco. Sus ojos se pusieron rojos al instante, llenos de dolor y un odio aterrador.
Me tocó la barbilla y dijo, con una voz triste, llena de culpa:
—Sabes que te quiero, sabes que no podría matarte. Por eso me desafías, ¿no? Aurora, ya te dije antes, eres muy mala y lo comprobaste. No te voy a matar, pero no quiero verte más.
Al terminar, me soltó y dio dos pasos atrás. Le dijo a Asher:
—Llévatela.
Dicho eso, ni me miró y se volteó para atender a Camila.
Asher se acercó y con la m