En ese instante, bajo las miradas atónitas de todos, saqué del bolsillo el cuchillo que tenía escondido y me giré para apuñalar a Camila, que estaba detrás de mí.
Todo ocurrió demasiado rápido.
No fue hasta que la sangre comenzó a brotar a borbotones de su abdomen que la gente reaccionó.
En un instante, gritos, voces de terror y pasos resonaron por todas partes; el lugar se volvió un caos todos corrían
Camila, pálida de dolor, me miraba incrédula.
—¡Muérete! —le dije con rabia.
Con una sonrisa,