En ese instante, escuché una voz conocida detrás de mí.
Me di la vuelta despacio y, entre la nieve y el viento, vi a Javier bajarse del carro y caminar rápido hacia mí.
Me miró, sorprendido:
—¿Qué haces aquí?
Cuando vio mis manos llenas de sangre, su cara cambió al instante. Me agarró la mano, preocupado:
—¿Qué pasó? ¿Te lastimaste? Aurora, habla, ¿qué te hizo Mateo?
Lo miré, confundida:
—¿Tú también lo crees? Crees que maté a su mamá, ¿verdad?
—Vamos, yo te llevo.
Javier me tom