Capítulo 668
No dejé que mi hermano siguiera hablando, levanté la mano y le di una cachetada con todas mis fuerzas.

Fue como si el tiempo se hubiera detenido y todo a nuestro alrededor se quedará en silencio.

Pasó un momento antes de que él se limpiara la sangre que le salía del borde de los labios y, con tristeza, me dijera:

—Lo sé… Te fallé.

—¿Por qué mentiste? —le grité entre lágrimas, llena de rabia y de dolor —¡Eres mi hermano, mi único hermano, la persona en la que más confiaba!

—Aurorita… —sus ojos se
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