Me daba risa… Casi parecía que pensaban que los guardaespaldas que traje iban a hacerle daño a ella o algo así.
No tenía ganas de perder el tiempo con mi papá, así que fui directo hacia la mujer.
Ella ya tenía la cara pálida del dolor.
Y claro, los guardaespaldas le estaban apretando el brazo con fuerza; parecía que se lo iban a arrancar.
Eso era justo lo que yo quería.
Le levanté el mentón con los dedos y le pregunté:
—Dime la verdad, ¿alguien te pagó para que sedujeras a mi papá?
La mujer resp