Cuando llegué a la discoteca donde estaba mi papá, entré con un grupo de hombres imponentes.
Mi papá estaba bebiendo y coqueteando con la amante suya.
Los dos la estaban pasando muy bien.
Cuando me vio entrar rodeada de hombres, mi papá se puso rojo de coraje.
De una vez, me dijo:
—¡Eres una desagradecida! ¿Te crees la policía, atrapando a un criminal?
Respondí, con una sonrisa molesta:
—Pues mira qué bien usaste la palabra. Exactamente, vengo a atrapar a un infiel y a una farsante.
Cuando termi