Asentí.
En el jardín del hospital había varios pacientes tomando el sol.
Javier se sentó en una banca amplia y me dio una palmada en el espacio junto a él.
Me senté y le pregunté:
—¿Tú también viniste a ver a la mamá de Mateo?
—Siempre odié a su mamá —respondió.
—Por eso mi papá siempre me pegaba.
Apreté los labios, sin saber qué decir.
Después de todo, no es común que un niño quiera a su madrastra.
—Pero la verdad es que fue muy buena con mi hermana y conmigo —añadió.
—Más incluso que nuestra m