En ese momento, me di cuenta de que Mateo estaba viéndolo todo.
Con miedo de que pudiera malinterpretar algo, me acerqué de inmediato y le dije:
—Javier vino a ver a tu mamá hace un rato, y también se despidió de mí.
Mateo me miró.
Me apartó un mechón de cabello que tenía sobre la cara y lo acomodó detrás de mi oreja, sonriendo mientras decía:
—No te pongas nerviosa, no estoy molesto.
Suspiré de alivio y le apreté la mano.
—Mi mamá ya debe estar dormida, acabo de salir de su cuarto.
—Ya veo.
Mat