Capítulo 288
Lucy me miró, incómoda.

Me acomodé el cuello de la camisa, me senté derecha y, mirando hacia ellos, junté los labios:

—¿Sí vieron? En mis labios, donde está la costra, me lo hizo el señor Bernard, hasta me mordió...

—¿Eh...?

Tan pronto lo dije, se tensaron y empezaron a insultarme, llamándome descarada y mentirosa.

—Deja de inventar cuentos, seguro que tú misma te mordiste los labios.

—Claro, el señor Bernard te odia, y parece un hombre muy serio, ¿cómo haría algo así?

Cuando escuché eso, sentí
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