Por suerte, en ese momento sonó la alarma de sobrecarga del ascensor.
De una vez, dije:
—El último que entró, que salga.
Mateo no se movió, solo me miró. Parecía haberle dado risa lo que dije.
De la nada, la gente adentro empezó a moverse para salir del ascensor.
Hasta Lucy salió junto con todos.
Me quedé sin poder moverme y cuando reaccioné, el ascensor estaba vacío, solo yo seguía parada ahí, como tonta.
Bajé rápido la cabeza para salir corriendo también.
Pero, no esperaba que un brazo largo s