Capítulo 1918
Lo miré, tragué saliva y me quedé muda del miedo. Darío no dijo nada más; me apretó más fuerte entre sus brazos, caminó a zancadas y subió las escaleras. Los guardaespaldas venían detrás, riéndose.

Yo temblaba entera y mi cabeza era un caos. ¿Era Mateo o no?

Si no era él, ¿cómo iba a escaparme de esta?

Al principio pensé que, cuando estuviéramos solos, iba a hablar claro con él para averiguar a toda costa si era Mateo. Pero la situación se había salido de control, muy lejos de lo que me imaginé
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