Debajo de las luces, Mateo observó que en el interior se cruzaban tres rutas de patrullaje. Cada escuadra se encontraba cada dos minutos; de vez en cuando, de los radios colgados a la cintura salía un ruido eléctrico. Las luces de las linternas de alta potencia barrían la noche y dejaban al descubierto hasta las piedras junto a los muros.
Sofía tenía razón: ese complejo era una prisión de la que nadie podía salir.
Miró las distintas áreas del recinto mientras identificaba en silencio dónde queda