Waylon se quedó atónito un instante. Tras un largo silencio, inclinó la cabeza y le sonrió a la señorita Alma con cierta complicidad.
—Ay, señorita Alma, todo es culpa suya. Insistió en que la acompañara a actuar en esta farsa. Mire nada más, Aurora sí que se enfadó de verdad.
—¿Yo, enojarme? —dije de inmediato, con un tono apagado. Y es que así era. Yo estaba aquí sin estatus ni poder alguno; incluso había gente que quería matarme. Haber sobrevivido fue gracias a complacer a la señorita Alma.
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