Sofía, absorta, se quedó mirando las proyecciones de luz en la plaza, con una expresión un poco perdida.
Después de un silencio largo, bajó la cabeza y escribió en el papel:
"Durante estos dos años he querido verlo muchas veces. No para preguntarle por qué, ni para reclamarle nada, solo para verlo. Pero después de escuchar ese día su tono tan cortante y despreciativo por teléfono, de repente ya no quiero verlo. El señor Pedro es bueno conmigo. El resto de mi vida lo voy a pasar a su lado. En cua